Por Melvinson Almánzar
La República Dominicana no solo está creciendo en turismo; está cambiando la forma en que se desarrolla económicamente. Y en ese proceso, las Alianzas Público-Privadas (APP) se han convertido en una pieza clave, con el turismo como eje central y con un liderazgo visible desde el Ministerio encabezado por David Collado.
Las cifras son contundentes: una cartera de proyectos APP que ronda los US$9,000 millones, más del 90% de iniciativas impulsadas por el sector privado y un impacto proyectado de decenas de miles de empleos. No se trata de un ajuste marginal, sino de un cambio de escala en la forma de atraer inversión y ejecutar infraestructura.
Durante años, el turismo dominicano se sostuvo sobre un modelo concentrado, basado en polos tradicionales y grandes complejos hoteleros. Hoy, ese esquema está evolucionando hacia un enfoque más amplio: desarrollo territorial planificado, donde el Estado crea condiciones, infraestructura, ordenamiento, servicios y el sector privado ejecuta la inversión turística.
Proyectos como Pedernales, Miches o Punta Bergantín reflejan esa nueva lógica. Ya no se trata solo de construir hoteles, sino de desarrollar destinos completos desde cero. En ese modelo, las APP permiten reducir riesgos, acelerar inversiones y abrir zonas históricamente marginadas al circuito económico.
El turismo, además, amplifica el impacto. Cada dólar invertido se multiplica en construcción, empleo, comercio y servicios. Por eso no sorprende que se haya convertido en el principal canal de aplicación de las APP en el país.
Sin embargo, el modelo no está exento de riesgos. Compromisos fiscales futuros, concentración de beneficios y posibles impactos ambientales obligan a una vigilancia constante. Sin institucionalidad fuerte, las APP pueden convertirse en una herramienta de desigualdad en lugar de desarrollo.
El papel de David Collado ha sido clave al empujar una visión donde el turismo no se limita a promoción internacional, sino que se articula como política económica. Infraestructura, inversión y planificación comienzan a alinearse bajo una misma estrategia.
La pregunta no es si el modelo funciona. Las cifras indican que sí.
La verdadera pregunta es si el país será capaz de sostenerlo con transparencia, equilibrio y visión de largo plazo.
Porque si lo logra, la República Dominicana no solo consolidará su liderazgo turístico en el Caribe, sino que podría convertirse en un referente regional en el uso de las APP como motor de desarrollo. Si falla, el costo no será solo económico, sino estructural.
El momento es ahora. Y el margen de error, cada vez menor.