Turismo en pandemia, medidas que hacen más mal que bien

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Con las recientes medidas sancionadoras anunciadas por el ministro de Turismo, David Collado, contra varias cadenas hoteleras se da una señal que más que asegurar el cumplimiento de protocolos en los establecimientos pone a pensar a muchos hoteleros si vale la pena estar abiertos en una coyuntura como esta.

Y es que el Ministerio de Turismo, por un lado, alienta a los hoteles a abrir y por otro el garrote cuando los incumplimientos probablemente no son propiamente de los hoteles si no de sus clientes. Si bien es cierto que hay unos protocolos y hay que cumplir con las medidas sanitarias que imponen la situación actual de expansión de la pandemia, no menos cierto es que la actividad turística de por si implica ciertas actividades en que necesariamente la gente se juntará y tendrá que estar sin mascarillas, como por ejemplo estar en una piscina o la playa, incluso si los hoteles no están llenos a toda capacidad.

En medio de la grave crisis creada por la Pandemia del Coronavirus, el hecho de que muchos hoteles estén dispuestos a estar abiertos es ya un beneficio para el país sobre todo por lo que implica para la economía y para los objetivos del Gobierno, pero sobre todo para el sustento de empleos. Muchos hoteles no alcanzan a tener el flujo de turistas internacionales que es donde realmente tienen equilibrio económico, es más bien un compromiso empresarial mantenerse operando en la actual coyuntura, pero no es atractivo cuando puedes tener un daño de imagen con futuras consecuencias negativas tanto para la industria como para el país, sobre todo cuando se dan a conocer como castigo las penalizaciones contra los hoteles por incumplimiento de las medidas sanitarias durante la pandemia.

Las sanciones tienen que darse si son incumplidos los requerimientos normativos para operar en medio de la pandemia y tienen que aplicarse, ahora bien, el comedimiento y la racionalidad del tipo de sanciones que se aplican y como se divulgan tiene también en si sus efectos.

Recientemente el Ministerio de Turismo anunció sanciones para las cadenas hoteleras Lopesan Costa Bávaro, Hotel Royalton Punta Cana Resort & Casino por violar los protocolos sanitarios en uno y otro caso se citan permitir las aglomeraciones de personas tanto en piscinas como en playas. El pasado 1 de enero, el Ministerio de Turismo de República Dominicana emitió un comunicado anunciando que imponía una multa de 4 millones de pesos a Palladium Hotel Group por la celebración de Fin de Año en su resort de la zona turística de Bávaro. También se le advirtió que, de repetirse la situación, “le será suspendida su licencia de operación”.

El Gobierno dominicano se trazó una meta, reactivar el turismo en medio de la pandemia y en momentos en que los casos de contagios crecen exponencialmente, y que en muchos países han implementado fuertes medidas restrictivas que desalientan el turismo como el caso de Canadá, Estados Unidos y Europa, principales mercados emisores de turistas hacia la República Dominicana. Pero tal propósito no parece estar bien cohesionado ni muchos menos pueden ser sostenibles con acciones confusas o ambiguas.

Otros países como España se han trazado una estrategia distinta y quizás con una mayor visión de protección real de la industria. El Gobierno español, según lo ha anunciado su propio presidente, Pedro Sánchez, no permitirá al menos la entrada de turistas internacionales hasta el final del verano. Sánchez espera que el 70% de la población española este vacunada para ese momento.

En México se acaban de emitir nuevas restricciones para las playas de Cancún debido al aumento de casos de coronavirus. Las playas permanecerán abiertas de 9:00 a 17:00 y solo se permitirá un 30% del aforo total. Los asistentes tendrán que permanecer en grupos de 5 personas y el uso de mascarilla será obligatorio a la hora de llegar y de marcharse.

En República Dominicana, las autoridades del gobierno establecieron un protocolo en octubre pasado con “las directrices y los lineamientos de las mejores prácticas a fin de lograr interacciones seguras en las actividades que realizan los prestadores de servicios turísticos para prevenir y minimizar el contagio del COVID-19, protegiendo a los trabajadores, los visitantes nacionales y los turistas extranjeros en la República Dominicana”. Dicho protocolo establece el uso de equipos de protección personal como mascarillas, lavado de las manos para los trabajadores y turistas, así como el distanciamiento físico de al menos 1.5 metros entre empleados y los propios turistas, y medidas de limpieza y desinfección para superficies y zonas comunes, así como para equipos y utensilios de trabajo, el control de aforos (cantidad de personas) tanto para empleados como para visitantes.

Uno se pregunta si se habrá socializado adecuadamente o se habrán hecho entrenamientos sobre la gestión misma de estos lineamientos con toda la cadena de servicios turísticos porque de lo contrario no se explica que los hoteles estén cayendo en incumplimientos tan obvios. Por qué las autoridades de turismo no han sancionado a los visitantes o turistas que han incurrido en violación de los protocolos. Hay que tener mucho cuidado con la implementación de sanciones que pueden traducirse en un daño permanente a la industria turística dominicana.

Periodico eldinero

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